Escrache, culpa heredada y sanción moral

Escrache, culpa heredada y sanción moral


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Es difícil condenar pero también lo es perdonar. En el frágil y delicado equilibrio entre el perdón y el castigo se encuentra el cimiento de la vida civilizada. Una de las doctrinas morales de la Grecia arcaica era la de la culpa heredada. Los hijos, los nietos y los bisnietos, eran responsables de los crímenes cometidos por sus ancestros. Fue una era de ansiedad en la que las formas religiosas se llenaron de rituales de purificación. Cualquier persona podía encontrarse, de un día para otro, responsable y culpable de algún acto terrible cometido por alguno de sus antepasados, aunque fuera totalmente desconocido por el atormentado heredero. Las erinias o las furias se ocupaban de tomar venganza de las culpas sin expiar. Según E.R. Dodds, sólo con el relajamiento del principio de solidaridad familiar, el desarrollo de la consciencia personal y la formación del concepto de individualidad en la edad clásica, pudo el hombre liberarse de la culpa heredada y asumir la justicia como principio objetivo y con base en sus actos personales. Pero, si ya en las Euménides de Esquilo vemos la transformación de los agentes de venganza en justicia civilizada, la discusión sobre la culpa heredada viene a colación en la Venezuela actual visto el auge del escrache y la proliferación de denuncias en las redes sociales sobre los hijos de los mandones y militares chavistas, los testaferros y enchufados de la revolución bolivariana, discusión que ha llevado a enfrentamientos entre distintos políticos y opinadores de la oposición.

Escrache es un neologismo nacido en las naciones del sur, Argentina, Paraguay, Uruguay, y significa un tipo de manifestación o protesta en que individuos indignados se dirigen al domicilio o al lugar en que se encuentran las personas a las que quieren acusar públicamente de delitos y conductas sancionables. Es un tipo de intervención directa, sin mediación de sistemas de justicia, o, precisamente, por la inexistencia de ellos, con el que la gente emite su juicio de repulsa como mecanismo de presión de la opinión pública. En vista del saqueo grosero y generalizado de la nación, dada la ausencia de mecanismos de control y el temor a oscuros arreglos o pactos políticos que puedan llevar a la impunidad, la población ha decidido aplicar una suerte de venganza moral descubriendo los rostros e incomodando la vida de lujos y excesos que llevan los personeros de la revolución a expensas del sacrificio y el dolor de todo un país. Vemos así fotos con los hijos de los líderes chavistas que llevan fastuosos estilos de vida en el exterior, listados de colaboracionistas y testaferros, videos que dan fe de la doble cara, la mentira y el fraude revolucionario. Una reacción enteramente comprensible desde el punto de vista de la víctima, de no ser porque, como toda reacción colectiva de índole moral, los juicios en masa terminan muchas veces en cacería de brujas y linchamiento social indiferenciado.

Lo primero que cabe preguntar es ¿por qué aparece el escrache ahora y no durante los 18 años anteriores? La sociedad venezolana, en general, se mostró durante mucho tiempo complaciente con el saqueo generalizado. No hubo verdadera sanción moral, entre pares, entre vecinos y conocidos. El pueblo aceptó con deleite las dádivas del gobierno y, esperando el goteo de la fiesta, la reacción contra la asombrosa corrupción administrativa se mantuvo apaciguada y débil. Miles y miles de denuncias nunca llegaron a nada. Es ahora, frente al abismo, que se reactivan los recursos éticos de la población. Pero como hubo que tocar fondo, lo que en este momento surge de las profundidades está lleno de sombras, de emociones destructivas, como la venganza y el resentimiento, sin un verdadero proceso de toma de consciencia. Así como la falencia institucional, la impunidad y el quiebre del sistema de justicia ha llevado a un aumento de linchamientos físicos en los barrios donde la población ejecuta a los malandros y toma la justicia por sus propias manos, las redes sociales y el espacio público se han convertido en personificación de las erinies, esos seres alados nacidos de la oscuridad como agentes de venganza. No podemos olvidar lo que ha sucedido en el país. Pero tampoco podremos reconstruir la república a partir del dominio absoluto de las furias. Nos asomamos a las consecuencias de haber permitido el desmantelamiento de las instituciones que encausan la sociedad, a un sistema de justicia convertido en mecanismo colectivo de venganza y humillación.

Twitter: @axelcapriles
Fuente: El Estímulo

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