Emigrar por tierra, huir como sea

Emigrar por tierra, huir como sea


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Los altos precios, la diáspora de las aerolíneas y la restricción de los dólares han hecho que cientos de venezolanos tomen la opción de subirse a un autobús que los lleve hasta un nuevo lugar. Las horas, días invertidos en un asiento no muy cómodo, los malos ratos y el abaratar los costos, valen la pena. He aquí cinco historias de paisanos que tomaron la decisión de salir del país en bus por la frontera

Cientos de cubanos desesperados por el régimen de los Castro se lanzan al mar y, en el mejor de los casos, logran llegar en varios días llegar hasta las costas de Estados Unidos. Los venezolanos, hartos de la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad, la inflación y el poco poder adquisitivo, toman las carreteras para abandonar al país que los vio nacer.

“La salida es Maiquetía”, decía cierta conseja popular de muy reciente data, nacida en socialismo del siglo XXI. Pero el costo de los pasajes, la limitación de las divisas y ahora el adiós de las aerolíneas internacionales le restó al aeropuerto internacional su primacía. Cada vez son menos las fotos sobre la Cromointerferencia de Color Aditivo de Carlos Cruz Diez. Irse por tierra es menos ceremonioso, poco fotografiable, sin adioses románticos ni últimos recuerdos sobre colores que se han convertido en símbolo de despedidas.

La partida comienza, entonces, en un terminal de autobuses, en el mejor de los casos. Los destinos, aquellos que se puedan alcanzar sin alzar vuelo: Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Ecuador, Perú. El asfalto los une con Venezuela y con los sueños desesperados de quienes se van.

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