El Comandante, una serie que te hará llorar de la arrechera

El Comandante, una serie que te hará llorar de la arrechera


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La serie de 60 capítulos basada en la vida de Hugo Chávez Frías, que transmite la cadena colombiana RCN y que produce Sony, está tan bien hecha que resulta un duro recuerdo para quienes sufrieron las consecuencias de un sistema político corrupto y las promesas de militares redentores.

“¿Dónde está Bolívar en este momento y dónde coño está Hugo Chávez?”, se pregunta el agonizante soldado Ramírez mientras a kilómetros de distancia su esposa da a luz a su primogénito. Minutos antes, el Teniente Coronel le había prometido que, a pesar de la ausencia de civiles (las calles estaban vacías), el espíritu del Libertador estaría apoyándolos en la toma de Miraflores. La escena es tan poderosa como reveladora. Cambiemos “Bolívar” o “Chávez” por “Dios Mío” y tendremos una de las preguntas más importantes reseñadas en la Biblia. El chavismo pues lleva en su sangre la hermandad con la fe antes que con la política.

Dirigida por Henry Rivero (venezolano) y Felipe Cano (colombiano), la serie El Comandante se estrenó este lunes y fue censurada por el gobierno venezolano. Como suele suceder, las críticas de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello han generado mayor publicidad a la excelente propuesta que realmente -al menos en el primer capítulo- no toma posición sobre la figura del mandatario, simplemente lo humaniza. Y tal vez ese sea el gran temor de las autoridades nacionales con esta producción: que desacralicen a su mesías.

Aún así, las reacciones a El Comandante dependerán de en cuál lado correcto de la historia estás. El opositor tragará grueso al recordar uno de los momentos más amargos en la historia democrática del país. El chavista, por el contario, aborrecerá la imagen de un Chávez que duda de sus propósitos, como esposo, como militar y como estratega.

Como experimento social, sería interesante conocer las reacciones del venezolano al recordarse durante el quiebre institucional del país, lo que allanaría el camino para el ascenso al poder de Hugo Rafael. Por comparar, en Colombia, por ejemplo, hay dos corrientes encontradas sobre este tipo de series. Una que ve con preocupación la revisión de la figura de Pablo Escobar y del sicariato, debido al trágico dolor grabado en el corazón de miles de familias. La otra considera importante la recreación de una época para que las nuevas generaciones entiendan el valor de lo conquistado.

El problema, para los venezolanos, es que el legado de Chávez sigue vivito y coleando; se siente en el día a día, en las calles, en el oficialismo y en la oposición. Luego de 18 años de socialismo, el país se encuentra en un permanente estado de emergencia. La escasez, la hiperinflación, la ausencia de medicinas básicas, la segunda tasa de homicidios más alta del mundo y los enfrentamientos entre los poderes constituidos tienen su germen en aquel conocido “por ahora”. Con esta herida abierta, es difícil consumir tal plato.

Detrás de cada imagen de El Comandante hay mucha sal para esas heridas, ya sea por tristeza (la muerte de civiles y soldados que desconocían su misión) o por la impotencia al recordar lo que se pudo corregir (el intento de golpe lo conocía hasta el perro y el descontento por el gobierno también). En este sentido, el guión está muy bien documentado. Deja en evidencia la responsabilidad de políticos, militares, empresarios, medios de comunicación y sociedad civil en el descrédito de la democracia.

¿Se parece o no se parece?
El morbo de la serie, por supuesto, se centra en el protagonista. ¿Hay similitudes físicas entre Andrés Parra y el Comandante Hugo Chávez Frías? No. Para empezar, el actor que también le dio vida a Pablo Escobar es blanco como la leche y de ojos tan claros como el mar, pero el maquillaje (dos horas se tarda el proceso) hace lo suyo, aunque la peluca es rarísima, como un enjambre de moscas. Al principio cuesta aceptarlo, si bien el manejo de la voz y ciertos gestos que nos son familiares a los venezolanos le favorecen.

Le juega en contra al Chávez colombiano el abuso del refrán. Cuesta pensar que en momentos tan tensos el Teniente Coronel tuviera frases prefabricadas. “¡Agarren sus alpargatas que lo que viene es joropo, compadre!”, suelta a horas de desatar una matanza entre compatriotas. Y después siguen una retahíla de dichos que buscan definir la personalidad del personaje, aunque el contexto las vulgariza: “¡Donde manda capitán no manda marinero!”; “¡Cuando el clarín de la Patria llama, hasta el llanto de la madre calla!”; “¡Llanero resuelto ni sufriendo se arrincona, compadre!”.

En cuanto a los otros personajes, si bien no hay alusión a los nombres exactos, son reconocibles los Diosdados (muy buen trabajo de Julian Cabello, el Juan Gabriel de la serie), los Uzcátegui, las Marisabeles… y demás compañeros de la asonada militar. La serie, como es normal, se toma licencias y no se obliga a realizar calcos físicos del entorno golpista. El detalle negativo del primer capítulo, en todo caso, es la cantidad de personajes acartonados: el periodista acucioso, el empresario oportunista, el gobernador corrupto, la amante incondicional y los generales acomodaticios. Todos funcionarían perfectamente en una novela de cuatro de la tarde en Venevisión. Sin embargo, en un producto que realmente ha cuidado muchos detalles, hacen ruido.

Lo mejor de El Comandante en su primer capítulo es la excelente recreación de Caracas, La Casona, el palacio de Miraflores y las infografías para ubicar al público que desconoce las distancias entre Maracay, Valencia y Caracas. Pero sobre todo, sorprende el realismo de las escenas de acción, sobresaliendo la famosa tanqueta que intentó irrumpir en la oficina de trabajo de Carlos Andrés Pérez. Se nota entonces que existe un importante respaldo bibliográfico.

Queda la duda sobre cuál será el tono después de este primer capítulo que resume el fracasado golpe de Estado. Recordemos que la serie abarcará seis décadas de la vida de Chávez y que sus creadores no buscan apegarse a los hechos. “No estamos haciendo un documental, estamos haciendo una ficción inspirada en hechos reales pero que buscan el drama… ¡el entretenimiento!”, explicó Rivero. ¿Vale la pena buscar los links de contrabando para verla en Venezuela? Solo si su estómago es lo suficientemente fuerte para volver a ver las razones por las que mañana deberá hacer cola frente a la panadería.

El Estímulo

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