Colombianos retornados de Venezuela recuperan la esperanza gracias a las flores

Colombianos retornados de Venezuela recuperan la esperanza gracias a las flores


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Una empresa se propuso bajar los índices de desempleo en la región de frontera contratando personas para la producción de ramos para San Valentín. El resultado de la iniciativa sorprendió a sus organizadores y resultó un salvavidas para muchas familias que viven la actual crisis humanitaria en Norte de Santander.

La música de fondo parece advertir la llegada a una fiesta. El ritmo cambia de bachata a reguetón y de salsa a balada. Vestidas con overoles azules y guantes negros 200 personas siguen los mismos movimientos, pero no se trata de una coreografía. En una enorme planta rodeada de viveros en Tabio, Cundinamarca, manos de Cúcuta y otras poblaciones de la frontera con Venezuela se mueven ágilmente para armar los ramos de rosas que llegarán a la costa este de Estados Unidos y serán protagonistas durante la celebración del día de San Valentín. La música es una forma de acompañar los turnos en que se procesan más de 700 mil tallos al día.

La empresa Sunshine Bouquet decidió contratar mano de obra en Norte de Santander que sufre las consecuencias de la crítica situación política, económica y social que padece Venezuela. No es la primera vez que esta compañía sale de la sabana a buscar personal, debido a que ya no logra suplir la demanda con la población local. El año pasado contrataron personas del eje cafetero, donde buscaron desempleados que cumplieran con los requisitos para ingresar al negocio de las flores. En esta ocasión la convocatoria buscaba emplear venezolanos. La sorpresa fue que al final solo lograron contratar a uno, pues casi toda la gente que se presentó era colombiana. Muchos habían cruzado la frontera después de vivir en Venezuela durante años.

Hace cuatro meses Felipe Gómez, director de Sunshine Bouquet, y su equipo de trabajo decidieron ir a Cúcuta para hacer el proceso de búsqueda, selección y contratación de personas que quisieran trabajar en su finca. “Vimos la problemática que hay allá y la disponibilidad de mano de obra que esta genera. Decidimos hacer el ejercicio en ese lugar porque hay gente que está muy necesitada”, afirma Felipe Gómez.

De inmediato se pusieron en contacto con la Cancillería colombiana, que buscaba soluciones para la situación en Norte de Santander y tenía como prioridad el empleo de colombianos. Según cifras del DANE, Cúcuta es la ciudad con la tasa de desempleo más alta del país, 15,3 por ciento. El Ministerio fue un puente entre las alcaldías locales y la empresa para facilitar el proceso.

Entre octubre y noviembre se realizó la convocatoria a través de volantes y medios de comunicación locales. Fue así como 1149 personas se enteraron de la oferta de empleo y registraron sus hojas de vida. Una de ellas fue Claudia Rojas, quien ya empezó a trabajar en la planta de procesamiento. Esta colombiana vivió 15 años en Venezuela y regresó al país hace un año y medio cuando se quedó sin trabajo y la situación se hizo insostenible. Mientras toma cuidadosamente las rosas y las mide para armar un ramo, Claudia cuenta su situación: “Yo regresé con mis hijos a donde mis padres en Cúcuta. Mi esposo se quedó porque es venezolano y no puede venir hasta que tenga los documentos en regla”.

El Estadio General Santander de Cúcuta se convirtió en la sede de las entrevistas. La sorpresa durante el proceso fue ver que la mayoría de los aspirantes eran colombianos que habían regresado de Venezuela para rehacer sus vidas en el país. La Cancillería constató que se presentaron bastantes venezolanos, pero solo se tuvo en cuenta a las personas que tenían su documentación al día, finalmente diez pasaron a la fase de pruebas técnicas y solo uno fue contratado.

En total 510 personas entraron a la empresa. Reciben un salario mínimo, el pago de sus horas extras, subsidio de alimentación, hospedaje y todos las garantías legales. El 13 de enero fueron embarcados por funcionarios de la Cancillería y de la alcaldía local, e hicieron su trayecto desde Cúcuta hacia la sabana en buses enviados por la compañía.

“La despedida fue difícil”, afirma Cristian Flores, quien dejó a su esposa e hijos en Cúcuta. Para él, al principio fue complicado adaptarse a la elaboración de ramos de flores, pues antes de quedar desempleado en su ciudad había trabajado en casas de cambio y otras actividades comerciales. Pero está convencido de que “si uno tiene la fuerza y las ganas, cualquier trabajo que le pongan en el camino lo va a desempeñar bien”. Como él, todos esperan que su buen rendimiento les permita ser contratados definitivamente.

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